-Oye, ¿crees que vamos a estar juntos siempre? a ver, ¿qué harías si lo dejáramos?

- Pues.. Pasaría de ti, haría coñas y me lo montaría con otras...
- Ah… muy machito tu ¿eh?
- Hombre.. haber, ¿tú qué harías? ¿te meterías a monja de clausura?
- Si, a pan y agua todo el día… lo llevas claro...
-Es que.. las chicas de ahora no son como las de antes.
- No, ahora en serio, ¿qué harías si lo dejáramos?
-Ya te lo he dicho. Pasaría de ti, haría coñas y me lo montaría con otras. Pero ¿sabes qué?. Que cuando nadie me viese, sufriría tanto...te echaría tanto de menos,
que haría cualquier cosa por recuperarte.

Los amigos se cuentan con los dedos de una mano.

Qué suerte saber que eres agua en mi desierto,difícil creer que se acabe con el tiempo.Puedes confiar que yo guardo tus secretos,

si quieres llorar

te daré fuerza y aliento.

Qué bueno encontrar un apoyo tan perfecto
que puede entender todo lo que pasa me dentro
Si algo anda mal, 
yo estaré a tu lado siempre 
y puedes hablar que yo te voy a escuchar,
 que puedes gritar que te ayudare... 
lo que existe es de verdad.
No hay más nada que hablar.

Aquel beso, a diferencia de todos los otros , llenaría sus pulmones de vida. Ella suspiraría en una momentánea confusión, pero se daría cuenta de lo que él estaba haciendo. Ella sentiría que él le estaba insuflando vida. Notaría la intensidad de su amor por ella y, con una desbordante pasión que lo sorprendería, empezaría a besarlo también.
Él se inclinó más, su cara se iba acercando lentamente a la de ella y podía notar el calor de su aliento mezclándose con el de él. Cerró los ojos frente al recuerdo de miles de besos más y rozó sus labios de con los suyos. Notó una especie de chispa y, de repente sintió que ella respondía lentamente al estímulo. Ella era su brazo de apoyo en lo momentos de apuro, ella era el susurro en la almohada a su lado por las noches. Pensó que el hechizo estaba surtiendo efecto, sí, estaba funcionando..., y mientras el corazón le empezaba a latir aceleradamente en el pecho, finalmente se dio cuenta de que nada había cambiado.
Al retirarse, sólo le quedaron ánimos para trazar suavemente el contorno de su mejilla con un dedo. Con la voz entrecortada y ronca, apenas acertó a susurrar:

-Adiós, amor mío.

Tenemos la mala costumbre de querer a medias, de no mostrar lo que sentimos a los que están cerca, tenemos la mala costumbre de echar en falta lo que amamos, sólo cuando lo perdemos es cuando añoramos. Tenemos la mala costumbre de perder el tiempo buscando tantas metas falsas, tantos falsos sueños... Hoy te daría los besos que yo por rutina a veces no te di, hoy te daría palabras de amor y las caricias que perdí, cuanto sentimos cuanto no decimos y a golpes pides salir, escúchame antes que sea tarde antes que el tiempo me aparte de ti. Tenemos la mala costumbre de buscar excusas para no desnudar el alma y no asumir culpas. Tenemos la mala costumbre de no apreciar lo que en verdad importa, y sólo entonces te das cuenta de cuántas cosas hay que sobran...

A pesar de quererte de darlo todo por ti amor, sin darme cuenta otro empieza a ocupar el hueco, tu hueco, que deja tu ausencia disfrazada de dolor.

-¿Dónde vas tan guapa?, ¿ por qué te arreglas tanto?, ¿con quién has quedado?

-Con unas amigas.

...MIENTE !